Hoy compartimos contigo un nuevo artículo de David Allen. Su dilatada experiencia ayudando a mejorar la efectividad de personas y organizaciones hace que sus artículos —llenos de reflexiones, herramientas y aprendizajes— sean tremendamente útiles para cualquier persona que se haya propuesto desarrollar esta competencia.

    En el artículo de hoy, Allen nos habla de las claves para poder responder de manera óptima cuando surgen imprevistos de calado en nuestras vidas. ¡Esperamos que te sea útil!

    Mientras sigo explorando la mejor manera de ayudar a personas en posiciones directivas a enfrentarse a las cargas y penurias de su desdichada fortuna, mi «solución del día» es sencilla: optimiza tu manera de lidiar con las sorpresas. Esto es válido para cualquier posición de alta dirección, las personas de su equipo, el resto de la organización, sus familias y, en definitiva, cualquier otra persona que quieras incluir en la ecuación.

    Sin ánimo de menospreciar los desastres naturales con una metáfora obvia, puedes apostar a que algo se está acercando. Tú aún no lo ves, pero hará temblar cualquier estructura que tengas establecida en tu mente y en tu mundo, afectando a tus prioridades, proyectos y planes. Será un impacto de tal magnitud que cambiará totalmente tu vida y tu trabajo. Hará que necesites reorganizar tu día a día, así como tomar conciencia de cosas que no habías apreciado hasta este momento.

    Tendrás que recalibrar el significado que tiene para ti todo lo que te rodea y conformar una nueva Gestalt. Necesitarás recomponerte de nuevo.

    La forma en cómo te tomes estos cambios puede ir desde la euforia a la desolación. Pero no importa en qué punto te sitúes dentro de este rango. Hay dos elementos que te permitirán responder de manera óptima a esta situación: (1) estar activamente a lo que estás, y (2) tener la mente despejada.

    Los buenos marineros lo saben y es una práctica común entre ellos. Cuando adquirí mi primer barco, un capitán veterano me dijo algo muy útil: «Si alguien está a punto de vomitar, ¡dale el timón!». Esto es incluso mejor que mirar al horizonte para lograr el equilibrio. Quien conduce un coche nunca se marea. Los imprevistos harán que el barco se balancee, así que agarra el timón tan pronto como puedas.

    El segundo factor es, sin embargo, igualmente crítico para la estabilidad: que no haya suciedad. Si alguna vez has estado en un barco durante una borrasca inesperada, sabrás que una pieza suelta, innecesaria, fuera de lugar, puede arruinar tu día, si no tu barco. Las personas que practican artes marciales se entrenan para despejar su mente. Si te asaltan cuatro personas en un callejón oscuro, lo último que querrás tener en tu cabeza son mil correos electrónicos sin procesar merodeando por ella.

    Cuando no estoy haciendo otra cosa, me aseguro de mantener todas mis bandejas de entrada a cero —correos electrónicos, papeles, notas, pensamientos—; aclarando todo lo que requiere mi atención. Porque, al igual que a ti, alguna sorpresa me está esperando.

    David Allen