En esta ocasión te presentamos un texto corto en el que David Allen habla de la relación entre la libertad y el control/estructura. Como él mismo dice, ambas son caras de la misma moneda. ¿Qué estrategia propondrá para maximizar nuestra efectividad?

    Un tema perenne en mi mundo de investigación y entrenamiento en el arte marcial del trabajo es: ¿Dónde está el punto ideal entre libertad y estructura?

    ¿Cuándo organizado es demasiado organizado, demasiado controlador o constrictivo? Por otro lado, ¿cuándo se pierde la soltura, se agota la no-limitación o se convierte la despreocupación en descuido?

    Estamos condicionados a pensar que los límites nos limitan: «no me encierres». Pero también nos han enseñado que para conseguir algo tenemos que ejercer presión y empujar con fuerza hasta obtener el resultado, es decir, «picar piedra».

    → ¿Cuál es el mejor enfoque?

    No se trata de un debate meramente teórico o filosófico. Cuando se reciben diariamente 400 correos electrónicos, 100 mensajes de voz y 50 interrupciones inesperadas, hay que abordar la cuestión de la libertad frente a la estructura.

    Para empezar, los adictos a la libertad se sienten frustrados y perturbados por el hecho de que estas entradas estén ahí y les encantaría simplemente ignorarlas (excepto las divertidas, fáciles, interesantes y realmente «candentes»).

    Los fanáticos del control tienen reglas, agentes y carpetas dentro de carpetas dentro de carpetas para cada pequeño detalle y algo más, quizás limitando el alcance de su vida por miedo a todo lo que un enfoque más amplio pueda generar.

    Todos nosotros podemos identificarnos con ambos lados. Queremos tener el control, pero no estar limitados. El problema viene de la connotación negativa (y de la experiencia real) que suele acompañar a la idea de «control», que es restrictiva y constrictiva, como los prisioneros que se mantienen en la cárcel.

    Sin embargo, hay una forma de aprovechar los beneficios de ambas caras de la moneda. Se trata de jugar el juego con dos movimientos básicos: la concentración y la cooperación.

    Esos dos vectores unidos dan la libertad que queremos y la estructura que necesitamos para maximizar nuestra efectividad.

    La concentración es la clave de la energía —en la física y en la vida— y la cooperación es el lubricante para el flujo eficiente de esa energía.

    Los atletas de alto nivel lo demuestran maravillosamente. Están mega-concentrados y prestan una atención extraordinaria a las realidades de su entorno y a cómo fluir dentro de ellas en su beneficio.

    Para poder leer tu correo electrónico, debes concentrarte. ¿Qué estás haciendo y cómo de relevante para ello es cada comunicación?

    Y debes cooperar. Los correos electrónicos están ahí —tú te los has creado o, al menos, los has permitido— y debes desarrollar una estrategia y un proceso para tratarlos.

    Un enfoque sirve al otro. Debes cooperar contigo mismo y con tu mundo para trascender la resistencia y la distracción, para poder concentrarte. Y debes concentrarte para aclarar la naturaleza de las cosas y cómo enfrentarte a ellas de forma cooperativa.

    David Allen